Romina Yan y su anorexia
Ella misma lo confesó. La presión de tener dos padres famosos siempre fue un peso extra para sus jóvenes espaldas y en la adolescencia, fue demasiado. “«Ser hija de» me costó mucho porque sentía que no tenía derecho a hacer determinadas cosas y que debía pagar «el derecho de piso» más que ninguno. Sentía la presión de demostrar quién era más allá de ser la hija de Cris y de Gustavo“, dijo en una ocasión a la revista Para Ti.
La anorexia empezó a acosarla en ese entonces y a lo largo de su vida se mantuvo como un fantasma. “El peor momento fue en la época de Jugate conmigo: tenía 15 años, iba a un colegio de doble escolaridad, trabajaba hasta las 3 de la mañana y me levantaba a las 7. Era demasiado y descargué mis angustias en mi cuerpo. Todo ese año la pasé mal y comencé a sufrir de anorexia. No comía nada porque estaba obsesionada con que tenía que ser perfecta. Durante toda mi vida descargué mis miedos, inseguridades y angustias con la comida. Esa fue mi forma de boicotearme”, relató.
Cuando empezó a protagonizar Chiquititas, Romina Yan fue muy criticada por su figura desde los medios. Pasada la etapa de la telenovela infanto-juvenil, regresó a la televisión mucho más delgada, y eso fue en aumento. Fue entonces que el rumor sobre una recaída en la enfermedad empezó a circular y nunca se alejó del todo.
En la misma nota con Para Ti, en 2008, ella lo confirmó: “Todavía, cuando tengo momentos de angustia, me doy un atracón de comida o me bajo dos tabletas de chocolate. Pero la diferencia es que ahora puedo frenar y decir basta. A los 33, aprendí a ponerles control a determinadas situaciones. Darío me demostró que me podían querer como era: flaca, gorda, con pelo largo o corto. El siempre me aceptó; de hecho, me conoció en mi peor momento. Yo estaba hecha un “barril” cuando él se enamoró de mí. Creo que a partir de Darío logre una paz interior que logró que yo empezara a cuidarme”. “Es un tema con el cual tenés que vivir toda tu vida. Yo me reconcilié con mi cuerpo, pero la anorexia sigue latente. Todos los días aprendo a comer y no me siento relajada con la comida. Hay veces en que me vuelvo obsesiva, me veo gorda y dejo de comer. Es que una vez que se te distorsiona la imagen, es muy difícil que vuelvas a verte en el espejo tal como sos: vivo encontrándome defectos”, dijo en aquella ocasión.
En los últimos años, Romina decidió bajar la exigencia y alejarse de la vorágine televisiva para dedicarse más a la familia.
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